¿Escritor?
Incidencia provocada por Fran Navarro
Este artículo tuyo es como pegarse un tiro en el pie: uno nunca, nunca declara tener una vocación. ¡Tío!, nadie va a pagarte por que tú cumplas tu sueño. Perseguir un sueño, por mucho que digan en la tele, es de imbéciles; de los sueños se despierta, ¡joder! La derivada directa de esto, y que debías haber comprendido el primer día, es que los editores son el enemigo: cuando te sonríen y te dan palmaditas en la espalda, lo que están haciendo es sopesarte y ver cuánto pueden sacar de ti. ¡Te han sacado artículos gratis! ¡Qué colleja te hubiese metido si me llego a enterar!
La única posibilidad que uno tiene de ganarse la vida escribiendo es decirle a la gente de posibles lo que quiere o necesita escuchar. Un ejemplo: «Los ricos son más resilientes, más capaces de adaptarse a los continuos cambios de la vida». O: «Los combustibles fósiles serán necesarios, imprescindibles durante las próximas décadas». Di cosas por el estilo en voz alta, sin que se te escape la risa, y tendrás la oportunidad de acabar en la Oficina de Protección del Castellano o de director de La Razón.
¡Ah!, ¿es que tú querías ganarte la vida escribiendo lo que te gusta escribir? ¡Iluso! Eso no pasa nunca, o solo en un tanto por ciento despreciable a nivel estadístico. En fin, haces bien, olvídalo, deja de intentar ser escritor; aunque sí puedes buscarte un trabajo que te dé tiempo libre: guardia nocturno, menudeo de drogas, reponedor de Mercadona (ni te acerques al Día o a Carrefour). ¿Ya tienes la nevera llena? Ahora escribe lo que quieras, lo que te apetezca, nunca lo que te encarguen, y después regala tus textos, pero a los lectores, nunca a un editor.
El gamberrismo también es una de las bellas artes.
