¿Para qué sirve un psicópata?
Si hemos de hacer caso a los que dicen saber, o tienen tiempo para escribir en las revistas, un psicópata se define por cuatro características, una alta dosis de narcisismo, —la seguridad interior de que uno es mejor que los demás—, una falta de empatía, — incapacidad para ponerse en el lugar del otro—, el amor por la mentira, —que es el reflejo del apremio interior de encajar la realidad a su interés— y el sadismo —el sentir placer al hacer daño, físico o psíquico al otro —. Los estudiosos coinciden en que estos rasgos coinciden tanto en psicópatas como en sociópatas, diferenciándose solo en el origen de la minusvalía, en los primeros es congénita y en los segundos adquirida.
Últimamente escucho bastante la opinión de que el mundo está dirigido por estas gentes, haciendo bueno aquello que si no consigues algo es porque no lo has deseado lo bastante, como si el tamaño del deseo siempre fuera una cualidad positiva. No puedo refutar la teoría, sí recomendar a la sociedad que tendría que dotarse, por su propia salud general, de instrumentos para frenar la acumulación de poder —político, económico...— en las mismas manos. Estos enfermos son autodestructivos, grandes contenedores de vacío imposible de llenar y en algún momento u otro suelen implosionar, llevados por ideas delirantes sobre su propia valía y capacidad.
¿Para qué sirve un psicópata? Soy de la opinión que la vida utiliza un sistema de fuerza bruta —en el sentido que se da en informática a uno de los sistemas de enfrentarse a los códigos de seguridad— y metódicamente prueba todas las posibilidades y se sienta a esperar que estas encajen de alguna manera y continúen con la expansión de sí misma en el todo. Puede que las características del psicópata sean necesarias para enfrentar a un oso que entra en la cueva; mientras el resto se amontona al fondo, este decide que quiere una chuleta de oso y lo enfrenta. Evidentemente el oso le desgarra por la mitad, pero ya, para entonces, ha actuado como el precipitante de una reacción. Con su primer movimiento más gentes, han salido desde la oscuridad y lanzan piedras sobre el plantígrado y aquella noche se cena oso.
Porque los psicópatas tienen seguidores, —monos voladores, siguiendo la terminología de los trastornos narcisistas—, gentes que necesitan seguir y en realidad no tienen demasiado criterio sobre a qué o quién. Vengo a decir que no han de preocuparnos los psicópatas, hay pocos, llevan vidas difíciles y suelen autodestruirse; nos deberían preocupar más los seguidores. ¿Entendido? Pues dejar de irme detrás.
