Premio
Incidencia provocada por Eduardo Sastre en JD
Queridos niños: los Reyes son los padres y los premios literarios, medias —cuando no totales— mentiras.
Eduardo Sastre considera que las bases de este premio son «de una sencillez que se agradece» cuando, en realidad, cualquiera que navegue por el mundo de los premios literarios enseguida reconoce que no son diferentes a ningún otro. En publicidad esto se llama «It's toasted», en referencia a una campaña de Lucky Strike del año de la catapún: vender como exclusivo lo que, en realidad, es común.
A todos los bobos voluntariosos del mundo de las letras —como yo mismo— les recomendaría que nunca se presenten a premios que te obliguen a concursar tras una máscara. Sinceramente: ¿puedes estar seguro de que el premio no está ya concedido a un presentador del canal local/regional/nacional?, ¿a alguien del claustro de la universidad? Casi seguro, ¿no? Entonces, con tu rostro oculto, ¿de qué te sirve quedar tercero o cuarto? ¿De qué te sirve dejar empantanado tu texto en la cubeta de entradas de una editorial durante meses si no va a tener ninguna repercusión?
No hablo de oídas; no es que nadie me lo haya contado, es que mi experiencia es esta. También que, si tu texto tiene cierta calidad —o la editorial descubre que eres alguien de posibles—, al poco recibirás una llamada ,en la que alguien te comentará que, posiblemente, habrías ganado si tu paja mental no se alejase tanto de la línea editorial del chiringuito. Te propondrán una coedición y te intentarán soplar la pasta. Yo suelo contestar que si quisiera una editorial me la compraría y, después, comienzo a hablar de Asensio, de Cadena y de la pistola de Lara.
Aún así, pensando esto, me presento a un montón: soy productivo. King le da 2000 palabras al día, yo me quedo en 850. De pura basura —asegura gente aquí sin leerme—. ¿Solo por eso? No, claro; no solo por eso. ¿Por qué?
Porque me encantaría ganar y renunciar. En serio, sería fantástico. Montar un número allí, en la entrega de premios, delante de las cámaras. No es que sea mi sueño (¿por qué ahora todo el mundo se empeña en que tengas un sueño, solo uno?), pero prefiero ser una leyenda a ser famoso. Aunque, ahora que lo pienso: ¿No lo soy ya? ¿No?
