Iradier

 

 

 


 

Incidencia provocada por Fernando Iradier en JD 

Mejor así:
«Cada mañana, la pared del edificio desocupado continuaba esperándola al otro lado de la ventana».
¿Entiendes? Un edificio no puede estar abandonado y simultáneamente en venta.
¿Qué te parece esto?:
«Dentro de cien desayunos acabaría de contar, uno a uno, todos los ladrillos que componían la pared. Cuando lo hiciera, tendría que aceptar que el mundo había continuado adelante sin ella, sin ellas».
Lo de «su escritorio» sobra, a no ser que quieras darle más peso a posteriori. Las costuras no se desvisten: como mucho se descosen, se revientan.
Una variación:
«Aunque su rutina no había cambiado —ir a la universidad, hacer la compra, pasar largas tardes en la biblioteca, resiguiendo con el dedo los lomos, los títulos de libros que no le decían nada…—, tenía la sensación de que no salía del apartamento. ¿Esperaba que regresara May? Tendría que hacerlo: aquella era su casa».
Sobre todo porque dices que «solo salía para lo imprescindible», pero, de acuerdo con la lista, se pasa el día fuera de casa.
Otra:
«No se dio cuenta, no quiso aceptar que ella se había ido hasta… ¿cuándo fue? Quizás cuando su tendencia al desorden comenzó a emborronar la huella de pulcritud de May, «mi casa, mis normas». Pulcritud, simetría, orden. No se atrevía a pensar que se hubiera marchado por nada que no fuera su propia voluntad».
Y esta casi que es necesaria:
«Cuenta una hilera de ladrillos más, bebe el amargo café, sin atreverse a preguntarse: ¿por qué te has ido, May?, ¿por qué? ¿Podría preguntárselo a la fría mañana de noviembre? ¿Al dibujo del robot que ha aparecido cubriendo las filas de las *** a las *** y las hileras del *** al ***?».
Porque lo has escrito de manera que no se sabe dónde está dibujado el robot; podría ser en el suelo del callejón…
Hasta aquí. Basta. Desconfía de los editores: estás muy verde. Algo buscan de ti.

P. D.: Puedes desollar mis escritos libremente (clica en mi nombre —no me escondo detrás de seudónimos— y apareces allí). Pongo muchas comas entre el sujeto y el predicado, y los interrogativos indirectos se me resisten. Sigue dándole.